Un buen día fracasé.

Otoño es un buen momento para hacer balance de todo y sopesar lo que hemos hecho durante el año anterior. Y aun sin pensarlo lo hacemos en automático, parece que estamos programados para eso, es casi inconsciente.

Y vuelve a comenzar otro ciclo. Aquí comprobamos que el tiempo no es lineal si no circular. Medimos todo en ciclos y después del verano volvemos a empezar uno nuevo, como si de verdad fuéramos nuevos. Como si volviéramos a nacer. Pero la cosa es que ni somos nuevos, ni volvemos a nacer. Todo lo anterior sigue con nosotros y si puede, hasta nos persigue. Podemos decidir si cargarlo como Sísifo a su piedra y sufrirlo o llevarlo de la mejor manera posible, aprendiendo de ello. Sin arrastrarlo.

“Después del verano volvemos a empezar un ciclo nuevo, como si fuéramos nuevos. Como si volviéramos a nacer. Pero la cosa es que ni somos nuevos, ni volvemos a nacer. Todo lo anterior sigue con nosotros”.

Muchas veces, en este balance anual tendemos a acordarnos más de lo malo. Y si no, de todo lo que se podría mejorar. Claro que todo se puede mejorar, pero no nos damos ni un respiro para valorar positivamente lo que ya hemos conseguido. ¿El fracaso siempre pesa más que las cosas buenas? ¿O somos demasiado duros con nosotros mismos? Parece que la sociedad es la que nos presiona con el balance entre éxitos y fracasos. Pero, ¿qué parte tomamos nosotros en todo esto, cómo nos tratamos?

“Igual no existen los buenos y malos días, mutan y se transforman según nuestra percepción”.

El resultado de nuestro balance estará determinado por lo que entendemos cada uno por “éxito” y “fracaso”. Las diferencias entre unos y otros en la definición de estos conceptos juegan un papel muy importante en nuestra manera de ver las cosas y la vida. Parecen banales, frívolas incluso, las risas que te echaste viendo esa serie estúpida, pero también son momentos de felicidad, de éxito en vivir la vida. ¿Por qué dejamos que un sólo instante nos arruine todo un buen día? Quizá un día tirando a normalito puede ser un buen día,  ¿o qué tiene que tener de extraordinario para ser un buen día? Igual no existen los buenos y malos días, mutan y se transforman según nuestra percepción. Es como vivir constantemente en la atracción de circo de los espejos que deforman la realidad.

Además, escuchamos tanto hablar del éxito que nos ocurren dos cosas: sentimos la obligación inhumana de ser “personas de éxito” hasta ser veneradas como ídolos por la sociedad y se nos olvida que es mucho más probable fracasar. Pensamos que hay muchos más casos de éxito de los que en verdad hay porque muchas veces sólo se habla del éxito.

“Escuchamos tanto hablar del éxito que sentimos la obligación de ser personas de éxito hasta ser veneradas por la sociedad y olvidamos que es mucho más probable fracasar”.

Hay una especie de tabú en torno al tema fracaso. ¿Nos da miedo fracasar o sentir que nos hemos equivocado? Y si a esto le sumamos el rechazo que provoca públicamente el fracaso, tenemos una espiral del silencio que nos devuelve una realidad distorsionada. Aunque parece que esto está cambiando y nos vamos abriendo más, haciendo el fracaso más público y con esto, más real. Hay que normalizarlo. Estamos aceptando que somos humanos y con historias reales, sin tanto semidiós de por medio.

El fracaso duele. Y tiene un efecto muy negativo, evidentemente. Podemos perder muchas cosas, entre ellas nuestro dinero y las ganas de volver a intentarlo. Pero como decía tenemos que cambiar nuestro enfoque. Pensamos que el éxito es más común de lo que es, pero la realidad es que son unos pocos si lo comparamos con el mar de gente que lo intenta. Nos da una idea errónea que nos hace pensar que es muy fácil tener éxito. Y esto nos lleva a confiarnos y puede que a fracasar.

“El fracaso tiene un efecto muy negativo, evidentemente. Podemos perder muchas cosas, entre ellas nuestro dinero y las ganas de volver a intentarlo. Pero debemos cambiar nuestro enfoque”.

Todo este baño de realidad no debe frenarnos, si no todo lo contrario, debe servirnos como aprendizaje para quitarnos la venda de los ojos. Para estar más preparados y ser conscientes. Hay varias barreras entre soñar algo y realizarlo, como un negocio, por ejemplo, y muchas de ellas viven en nuestra mente. Pero tampoco podemos ir directos al precipicio. El fracaso puede enseñarnos, incluso antes de que ocurra, como por ejemplo un posible fracaso futuro. Algo así como llevar casco o el cinturón de seguridad. Así, será más fácil vencer esa barrera si vamos armados para lo peor, nuestra confianza tendrá fundamentos sólidos. Y aún así puede salir mal, pero también bien.

Del mismo modo que ocurre con un negocio y se arriesga todo, apostar por alguien en el amor es complicado. Es un socio con el que vas a tomar decisiones en las que hay mucho que ganar, mucho que perder y que te cambiarán la vida.

“El fracaso puede enseñarnos, incluso antes de que ocurra, como por ejemplo un posible fracaso futuro. Algo así como llevar casco o el cinturón de seguridad”.

A veces las cosas no pasan como nosotros habíamos imaginado o incluso pasan cosas que no queremos. A veces los demás no actúan como nosotros lo hubiéramos hecho y a veces alguien se nos adelantó en algo. Pero así es esto y cuesta mucho aceptarlo, creo que nunca lo hacemos del todo. La vida es desierto y oasis y lo único que podemos hacer es aprender a vivir así, de la mejor manera posible. Como dice Walt Whitman aprendiendo a “disfrutar del pánico que provoca tener la vida por delante”.

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