No queremos ser felices

Preguntarse si en realidad queremos ser felices parece una pregunta un poco estúpida porque quién no querría ser feliz. Pues esto que parece un pregunta estúpida, una obviedad, luego no lo es tanto. Muchas de las cosas que hacemos a lo largo del día no parece que nos hagan tan felices. Son obligaciones, nos cubrimos de “tengo que” y “debo”. Pero casi nunca decimos “yo quiero” o “voy a” para referirnos a algo que vamos a hacer. ¿Por qué no hacemos casi las cosas que nos gustan? ¿Por qué no le dedicamos tanto tiempo a estas como a nuestras obligaciones? ¿Quién nos obliga?

Porque además de no hacer mucho por ser felices, varias de las cosas que hacemos en honor a la felicidad acaban llevándonos a todo lo contrario y haciéndonos muy infelices.

“Hay gente que está dispuesta a hacer de todo por dinero, incluso a trabajar”.

De ahí que tenga la teoría de que igual no queremos ser felices. Total son nuestras decisiones. Uno de los síntomas de esta teoría es la manera en que tomamos las decisiones en nuestra vida. Muchas veces las tomamos por las razones equivocadas o por qué pensamos que eso que vamos a conseguir, después, nos dará la felicidad. Tomamos una decisión de hacer algo, que nos llevará a algo y que ese algo nos dará felicidad. En vez de perseguir la felicidad nos volvemos locos persiguiendo el dinero que nos dará la felicidad, o la seguridad que después nos dará la felicidad. Relegamos a un segundo plano nuestra felicidad, la postergamos a un “después de”, en vez de ir por ella directamente.

¿Por qué le damos tantas vueltas? ¿No es más fácil salir a buscar la felicidad? Pues parece que no. No es tan sencillo.

Para empezar, el primer paso es un paso de gigante que parece muy simple. Sólo consiste en tomar la decisión de querer salir a buscar la felicidad. Plantarnos y pensar que puede ser que haya algo más o que lo que estamos haciendo ahora no nos llene lo suficiente. Preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos y decir: no quiero esto. Pero, ¿qué quiero? Esto es una decisión en sí misma.

“Relegamos a un segundo plano nuestra felicidad, la postergamos a un “después de”, en vez de ir por ella directamente”.

Ahí comienza el segundo paso que se entremezcla entre un mar de dudas acerca de saber qué queremos hacer, con lo difícil que es encontrar apoyo con esta primera decisión. Cuando expresamos en alto nuestra disposición a buscar la felicidad no recibimos el apoyo que esperábamos y nuestra excitación inicial se puede ir a la mierda. Pero no te rindes, es como haberte quitado un peso de encima.

Captura de pantalla 2016-09-09 a la(s) 17.57.43.pngEntonces ¿no es fácil ser feliz? Efectivamente hacer nuestro propio camino no es tan fácil, puede que ni quiera sepamos muy bien lo que hacemos. Tenemos que hacer lo que nos gusta y eso nos hará felices. Parece muy fácil. Igual lo acaba siendo y además, resulta, que merece la pena.

No sé si el objetivo de la vida sea la felicidad. Creo que no el único, pero sí uno muy importante. Es algo que de lo que hablamos mucho, pero que en el fondo hemos olvidado. Además rechazamos partes de la felicidad, como los momentos tristes. La tristeza está muy mal vista en la actualidad. ¿No será que de tanto obsesionarnos con la felicidad lo estamos haciendo todo mal?

“No cambies una vida de lo que quieres, por un segundo de lo que deseas. No te dejes engañar por lo superficial y busca la esencia”.

Entonces si no sabemos lo que es vivir bien y no sabemos buscar nuestra propia felicidad, ¿podemos aprender? ¿Quién nos tiene o nos puede enseñar? La filosofía después de cientos de años estudiando cómo vivir bien, ¿puede enseñarnos algo?

Algunos dicen que hay que saber cómo ser feliz, como parte de la sabiduría, porque aunque tengamos todo lo que nos daría la felicidad podemos no apreciarlo o no saber qué hacer con ello. Puede que incluso no estemos disfrutando de ello ahora y sólo pensemos en lo que haremos con ello después.

“Lo que es la felicidad para la mayoría o lo que debería hacernos feliz, igual no funciona con nosotros”.

Otros dicen que hay que ser conscientes de la felicidad y trabajarla a diario. Es como cuidar un amor y pasar la fase del enamoramiento y el deseo. Después lo conservas activo, vivo, pero real. Creo que la felicidad está mucho en esto, en “no cambiar una vida de lo que quieres, por un segundo de lo que deseas”. No dejarte engañar por lo superficial y buscar la esencia.

Por eso, es tan importante saber qué queremos, no dejarnos llevar por lo que los demás quieren, para ellos o incluso para nosotros. Hay que vencer esta presión. Lo que es la felicidad para la mayoría o lo que debería hacernos feliz, igual no funciona con nosotros. Creo que la felicidad tiene forma de libre decisión, como decía Ortega y Gasset en sus “Meditaciones del Quijote“, héroe es quien quiere ser él mismo.

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