Arriésgate a cambiar

Algunos de nosotros cuando estamos demasiado a gusto en un lugar o situación, lejos de hacernos sentir bien, esto nos incomoda. Y buscamos cambios. Si la vida no nos los da, los inventamos. Nos gusta ponernos en una situación en la que estemos alerta. Porque quedarnos donde estamos significa hacer las cosas por rutina, dejar de pensar y descender toda nuestra actividad creativa o de reto. Es aburrido.Con esto corremos un riesgo muy alto de convertirnos en una caja de cartón. Aún no hay estudios que lo demuestren, pero todo se andará. Queremos renovarnos, necesitamos una transformación.

“Si la vida no nos da cambios, los inventamos”.

Muchas veces, no es que lo mandemos todo a la mierda sin pensar. Pueden ser pequeños cambios para mejorar lo que ya tenemos. Para revivirlo. Es hacerle el boca a boca a nuestro trabajo, relación o vida, en general. Otras, en cambio, sí significa ponerlo todo patas arriba. Y lo hacemos. Hay que arriesgarse.

Esto da miedo, pero también dan muchas ganas. De hecho, hay como fases. Al principio, nos emociona y nuestra mente empieza a volar. Todo es feliz. Cuando llega el momento de la acción y de hacer cosas, es en el que hay que estar más fuerte para no echarnos para atrás. Nos puede dar miedo porque parece hacerse real. Esta sensación vuelve cuando estamos a punto de conseguir el cambio que deseamos y este se hace tangible. Todo este laberinto de emociones es como enamorarse. Aprendes a disfrutar este camino, la incertidumbre, los nervios. Es adictivo y cada vez nos gusta más ponernos en el precipicio. Ver qué hay más allá. Pero sin quedarnos sólo con asomarnos, nosotros saltamos. Queremos vivirlo.

“Cambiar es hacerle el boca a boca a nuestro trabajo o relación”.

Creo que todo esto se relaciona con la pasión que ponemos a las cosas y con apostar por algo. Lucharlo de verdad. Somos de los que no podemos quedarnos sin saber qué hubiera pasado si… Eso nos mataría. Para algunos un cambio es necesario, otras veces es forzoso y nadie nos pregunta si lo queremos, y otras es una decisión.

Cuando lo decidimos y lo buscamos empezamos a sentir que algo se mueve dentro de nosotros. Incluso cuando no sabes todavía dónde quieres llegar. Pero el mero hecho de sentir que estás haciendo algo, que te mueves, nos hace sentir bien. Te planteas cosas, piensas, quieres cambiar. Me encanta.

“Para algunos un cambio es necesario, otras veces es forzoso y otras es una decisión”.

No creo en que todo cambio sea bueno, pero es cambio. No me gusta estar estática, caer en la rutina. Soy más entrópica, de tender al “kaos”. Y el caos se puede padecer o controlar y aceptar . Aprender a vivir con él, de un modo feliz, sin parar la rueda. Porque el cambio es inevitable. Aunque nosotros no queramos, el cambio nos va a pegar un patada en el culo para sacarnos fuera de nuestra famosa “zona de confort”. Y ahí sólo dependerá de cómo nos lo queremos tomar.

“El cambio es inevitable y aunque no queramos nos va a pegar un patada en el culo para sacarnos fuera de nuestra famosa zona de confort”.

Ya que es inevitable, es mejor aprender a vivir con él porque a la larga nos ahorraremos mucho sufrimiento. Además, si nos anticipamos a los cambios lo convertiremos en una decisión y podremos elegir. Pero nadie dijo que fuera fácil, ¿verdad?

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