Simplifica tío

Gracias a un año en el que me volví bastante loca y perdí el norte como nunca antes, saqué una de las conclusiones más valiosas y prácticas que he descubierto en mi vida. Puede que ya hubiera oído hablar de ello, seguramente. Pero no lo creí, ni le di ninguna relevancia en mi día a día.

En el momento en el que todo se me fue de las manos, que sentía que nada lo podía controlar, pensé: “Si no lo puedes controlar, no lo controles. ¿Qué es tan terrible? ¿Qué está tan mal en tu vida? ¿Por qué ahora todo es una mierda? ¿Qué ha cambiado?” Y, sobre todo, me dije: “¿Y yo qué puedo hacer? ¿Esto cómo se arregla? Porque lo que tengo claro es que esto se arregla”.

Al empezar a hacerme todas estas preguntas y muchas más, me di cuenta que iba desgranando cada uno de los pensamientos para hacerlos más fáciles, más digeribles. En el fondo más simples.

Simplificar, ahí está el gran secreto. Al menos para mí. Como siempre, no pretendo que mis métodos le funcionen a todo el mundo, pero para mí fue la solución a todos los problemas. Y sigo sintiendo que aplica a casi todos los problemas de la vida. Y lo convertí en mi mantra.

“Al  hacerme estas preguntas, me di cuenta que iba desgranando mis pensamientos para hacerlos más fáciles, más simples”.

Ayuda a dividir “El Problema” en pequeños problemas que sí podemos resolver. Y a no querer hacerlo todo a la vez. Si no, nos sentimos sobrepasados y de ese estado no sale nada bueno. Cuando ya lo hemos dividido en pequeños problemas, también, podemos darnos cuenta que el problema que creíamos tener no es nuestro problema. Es otro. Puede pasarnos que no lo tenemos bien identificado. O podemos tener revelaciones que no podíamos ver porque estábamos nublados por nuestro “Gran Problema”. Puede que no nos guste nuestro trabajo, o la carrera que estamos estudiando, algún amigo cercano o nuestra pareja. O todo lo contrario, que descubramos lo que queremos de verdad.

Al simplificar, aprendemos a relativizar cómo de grande es nuestro problema comparándolo con el mundo. Eso nos ayuda a estar agradecidos y reflexionar. A veces hacemos un mundo de algo que no lo es tanto. La vida sigue.

Siento que nos complicamos mucho la vida, como cuando le damos tantas vueltas a algo que no va. En vez de forzarlo deberíamos dejarlo ser. ¿Por qué buscamos meternos en problemas? ¿O en cosas que sabemos de antemano que nos van a hacer daño o que no van a salir bien? No quiere decir que no luchemos por lo que queremos si no lo conseguimos a la primera o que no vivamos. Pero sí, que suframos lo menos posible por ello o por sus consecuencias. Si decidimos meternos en esas situaciones por nuestras decisiones, luego no arrepentirnos de ellas. Ser honestos con nosotros mismos. Ya sabíamos dónde nos metíamos, conocíamos los riesgos y aun así lo hicimos. Después si salió mal, no tiene nada de malo. Ya está. Nadie te quita lo bailao’.

“Al simplificar, aprendemos a relativizar cómo de grande es nuestro problema comparándolo con el mundo”.

De ahí, otra de las cosas positivas que tiene simplificar, tratar a todos por igual. Si nos tratáramos como trataríamos a alguien que no fuéramos nosotros, no nos compadeceríamos, ni seríamos tan duros con nosotros mismos. Ninguno de los dos extremos. Se trata de ser justos, ni más ni menos. No somos pobrecitos, ni somos el demonio. Si nos han hecho daño, no es nuestra culpa y se pasará. Y si lo hemos hecho nosotros, te puedes arrepentir, pedir perdón, aprender y no volverlo a hacer. Pero no se puede vivir toda la vida con una carga tan pesada. Esto es en el caso de que nosotros hayamos hecho algo. Sobre las culpas que cargamos por lo que  han hecho otros, no le voy a dedicar ni un renglón.

“Si algo salió mal, no tiene nada de malo. Ya está. Nadie te quita lo bailao’”.

Por último, y parece bastante evidente, simplificar significa reducir al mínimo. Pero no sólo los problemas. También ayuda simplificar las “cosas” que necesitamos para ser felices o estar bien. Cuando sabemos realmente lo que queremos no necesitamos más y lo tenemos todo. Y eso es diferente para cada uno. Cuando sepamos lo que significa “todo” para nosotros, probablemente, nos daremos cuenta que muy pocas cosas hacen “todo”.

Simplificar, lo hace todo más simple y muchas veces se nos olvida.

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