La receta de la felicidad

Yo he hecho toda mi vida lo que me ha dado la gana. Y eso no quiere decir que no existiera una disciplina en mi casa o que haya hecho un desastre con mi vida. Todo lo contrario, se trata de que me educaron dándome armas para salir al mundo. Para poder decidir lo que quería. No sólo tuve voz, tuve voto. Me educaron para ser abierta, segura y, sobre todo, feliz. Sí, creo que mis padres me hicieron para ser feliz.

Es otra de las cosas que se me habían olvidado, ¿cómo es posible que nos perdamos tanto?

“Me educaron dándome armas para salir al mundo. Para ser abierta, segura y, sobre todo, feliz”.

Mi manera de ser feliz es bastante simple. Trata de ser un poco idiota, disfrutar mucho de la comida, de la naturaleza, de hablar con alguien que me conoce perfectamente o de ver una foto de mi abuela, que es la persona que más mola del mundo.

Yo reconozco que lo tuve fácil, aprendí de los mejores.

Por ejemplo, en el caso de mi padre él tiene totalmente la receta de la felicidad. Y de la salud, de la buena vida y ni si quiera creo que se lo plantee o se pare a pensarlo. Le sale natural. Madruga, camina, lee, convive con la naturaleza el 60% de su día, si no es más. Sabe lo que de verdad es la vida. Y lo disfruta. Disfruta de lo que está, de lo que es. No de lo que se tiene.

Cuando apareció el movimiento slow, recuerdo que me hizo mucha gracia. Yo pensé: ok, esa es la vida que yo siempre he visto y he vivido. ¿Qué tiene de nuevo? Pues nada. Trata de que recordemos cómo se vive, porque parece que nos hemos olvidado de vivir. Un guisado tarda en hacerse 2, 3 ó 4 horas, por algo. Y, claro, luego sabe a gloria. No puede ser de otra manera. El movimiento slow tiene que ver con lo normal, lo natural. Sin forzar.

Dedicándole el tiempo necesario a las cosas importantes. Cada cosa lo que necesita. Y algo mucho más importante, saber lo que es importante. Y así no darle demasiada relevancia, y por lo tanto demasiado tiempo, a cosas que no la tienen, como el trabajo. No lo descuido, pero no me quita el sueño. Siento que la manera en que ordenamos nuestras prioridades, determina cómo se articula nuestra cabeza. Y esto, después, se aparece en nuestra realidad en forma de preocupaciones, en cómo repartimos nuestro tiempo y en a qué llamamos vida.

“Sabe lo que de verdad es la vida. Y lo disfruta. Disfruta de lo que está, de lo que es. No de lo que se tiene”.

Y esto es lo que hacemos con el tiempo cuando hacemos algo, pero creo que una gran parte de la felicidad se trata de no hacer nada, de estar solo y del silencio. Y de apreciarlos y saber disfrutarlos.

El caso es que volví a recordar todo esto por contraposición. Porque la vida y mis decisiones me llevaron a todo lo contrario. Y como el dicho, que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Así es. Además ocurre algo cuando sales de tu burbuja, dejas de pensar que “lo normal” es “lo normal”. Los que como yo nacimos en esta realidad, por defecto, pensamos que todo el mundo vive así y que es “lo normal”. Pero la verdad es que no, mucha gente ha vivido y vive de otras muchas maneras.

“Una gran parte de la felicidad se trata de no hacer nada, de estar solo y del silencio”.

Mi padre no sabe lo que es el movimiento slow, ni falta que le hace. Lo vive a todas horas y no sabe vivir de otra manera. Pero los demás, tenemos que aprender o recordar.

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