Deshumanizados

A veces te levantas un día y todo está mal, ¿no os pasa? Todo lo vemos negro, te quieres volver a la cama y no salir de ahí. Ese día nada tiene solución. Incluso pierdes la fe en el hombre. Y cuando digo hombre me refiero al ser humano, a la humanidad en conjunto.

Esto viene a cuento porque yo siempre he vivido en un lugar muy pequeño y mis decisiones me fueron llevando cada vez a un lugar más grande. Ahora mismo vivo en una de las ciudades más grandes del mundo, donde al panadero de la esquina no le importa si le saludo y, por supuesto, no sabe ni mi nombre. De ahí que un día me diera por pensar en la deshumanización del hombre, en general, y cómo esto sucede en las grandes ciudades, en particular.

Aquí nadie se saluda, nadie se conoce, nadie se relaciona como humanos. En una gran ciudad los demás nos molestan y disfrutamos cuando se van. El tráfico, las colas, ser demasiados, que mires donde mires haya gente, nos hace olvidar lo que en realidad somos.

“Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo. La mayoría de la gente existe, eso es todo”.

Algo parecido dice Oscar Wilde cuando en su ensayo “el alma del hombre bajo el socialismo” dice que el hombre tiene una personalidad completa cuando es un niño. Que en el momento en el que descubre la propiedad privada, empiezan los problemas y la infelicidad. Esto ocurre porque cuanto más grande es la ciudad menos libres somos. Dependemos del transporte, los tiempos y los trabajos se complican. Le preocupa dónde fue a parar el hombre. Ese verdadero hombre libre que puede decidir qué hacer con su futuro. El que piensa en cómo hacer crecer su alma a través de la sabiduría y no de los objetos o de un trabajo de esclavos. Aunque no sé qué esclaviza más si el trabajo o la dependencia al deseo de lo material. Creo que son el pez que se muerde la cola. Por otro lado, es como si nos hubiéramos convertido en robots o máquinas que saben perfectamente cuál es la rutina a cumplir y no piensan en lo que hacen. Vamos de la casa al trabajo y del trabajo a casa.

“El hombre creyó que lo importante es tener, y no supo que lo importante es ser. La verdadera perfección del hombre reside, no en lo que el hombre tiene sino en lo que el hombre es”.

¿Estamos deshumanizados o nos hemos hecho tan humanos, tan “civilizados” que nos hemos perdido en lo superfluo y no distinguimos lo importante? Estamos tan refinados que ya no tenemos ninguna conexión con nuestro hombre-animal, con el hombre primitivo.  Hemos roto con todo vestigio de los vínculos que teníamos con la naturaleza. Era nuestra casa y ahora la sentimos como algo ajeno. Ya no nos acordamos de cómo se llaman los árboles, ni de dónde viene el viento. No recordamos cómo, ni por qué surgió la tribu y la comunidad en la cueva.

Pero, ¿cuáles son las características humanas de las que nos ha despojado la deshumanización? Lo que nos hace distintos de los animales es la comunidad, la empatía por el otro y el trabajo en equipo.

Ahí volvió mi fe en la humanidad. Y pensé: no estamos tan mal, solo hemos cambiado de escenario. La comunidad se creó porque nos necesitamos unos a otros, porque somos mejores juntos. Ahora la comunidad, el pueblo, el barrio, la cueva está en internet. Pero es lo mismo. Se comparte, se trabaja en equipo, se descubren cosas en conjunto, desde lugares remotos en cualquier parte de la tierra con conexión.

A pesar de la individualidad que caracteriza a los millenials y de lo que muchos piensan, a la hora de trabajar y resolver problemas, no son invidualistas, lo hacen en comunidad y colaboración. No son tan celosos de su trabajo como la generación de nuestros padres. De este pensamiento nacen el Creative Commons, el coworking, miles de tutoriales en Youtube y un infinito etc. Han rescatado la idea de comunidad para acercarnos y romper con la deshumanización que provoca vivir en supermetrópolis.

Ven en las máquinas el futuro de la comunidad y la sociedad, en vez de pelearse con ellas como las generaciones anteriores. En esto coinciden con el pensamiento de Oscar Wilde que sigue diciendo en su ensayo que las máquinas nos harán libres, muy al contrario de lo que pensaban los ludistas. Ellas harán todo el trabajo, nos hacen la vida más fácil, dejando tiempo para que los hombres cultiven su personalidad y realicen sus talentos.

“Son los que no necesitan trabajar para vivir… los hombres auténticos, los hombres que se han realizado, y con los que la Humanidad entera logra una parcial realización”.

No es cuestión de si en nuestra ciudad nos saludamos o no. En vez de proteger el fuego lo compartimos con las demás tribus. La cueva se ha abierto al mundo. Es mucho más grande de lo que pensamos, pero el círculo lo podemos cerrar todo lo que queramos eligiendo con quién queremos crear comunidad. No estamos supeditados al espacio físico, se superan las barreras geográficas para encontrar justo lo que necesitamos o queremos. No estamos solos, nos da libertad y posibilidades que antes no existían. No es casualidad que lo llamemos comunidad pero nunca nos paramos a pensar qué quiere decir o de dónde viene. Y es que, a veces, volver atrás nos sirve para evolucionar.

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