Del amor y otras drogas. Relaciones tóxicas

Pasó como pasan todas estas cosas. Una persona tóxica es atrayente, como un imán dicen algunos. Yo siento que son como agujeros negros. Te llaman la atención, quizá no al principio, y te atraen hacia su mundo hasta que ya no sabes cómo salir, ni qué demonios haces allí. Quizá queremos huir de alguna situación anterior y les dejamos entrar. No sé, cada uno tiene su propia historia.

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Y la mía es esta. A mí me atrajo su aire misterioso. No saber exactamente cómo era, que no se mostrara como los demás. Además estaba eso. Su talento. Muchas veces, estas personas tienen grandes habilidades en las que destacan por lo que también nos atraen con este “genio”. Incluso podemos justificar su manera de actuar debido a este “genio” loco. Otra típica excusa que nos ponemos a nosotros mismos, es su pasado que arrastran y por el que sufren a diario.

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No estoy diciendo que ellos tengan malas intenciones. Muchas veces lo hacen sin pretender hacer daño, más bien sin darse cuenta. Estoy segura de eso. También se hacen daño a ellos y no creo que lo sepan. Necesitan resolver sus problemas antes de poder comenzar una relación, pero eso es algo que nadie te dijo cuando te metiste en toda esta liada.

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Lo peor de caer en una de estas relaciones son las consecuencias. Y es que sí da un poco de miedito porque dependiendo del grado de toxicidad de la persona o de cuánto tiempo estemos con ella, así será el tamaño de nuestras secuelas. Podemos perdernos en la relación, nuestros gustos, personalidad y autoestima. Por eso es tan importante identificarlas y salir de ahí rápidamente. Porque suelen vivirse de un modo tan intenso que muchas veces el tiempo del calendario no hace justicia a lo que tú ya sientes.

Pero no nos engañemos, una relación tóxica se detecta desde el día 1 y sé de lo que hablo. Lo que ocurre es que no lo queremos ver, no lo queremos aceptar. Por algo nos vimos en esa situación y caímos en esa relación. Algo que tenemos en común todas las personas que hemos pasado por alguna relación de este tipo es que después reconocemos que notábamos cosas. Hay señales. Pero nunca las admites en voz alta, nunca se las cuentas a otra persona hasta que ya has visto pasar varias. Luego las vas recopilando en tu cabeza y te das cuenta de que son más de las que pensabas y bastantes más de las que te gustarían o de las que estás dispuesto a aguantar.

A toro pasado, como se dice, y con el tiempo de por medio, he sacado aprendizaje vario en limpio:

  • Nada justifica que te estén haciendo daño, aunque sea sin intención.
  • Acabamos pensando que lo merecemos.
  • No estamos aquí para cuidar de alguien o para “arreglar” a alguien. Estamos aquí para ser felices. Para querer y dejarnos querer. Y estas personas no saben querer, pero sobre todo, lo que no saben, es dejar que los quieran.
  • Pensamos que es el amor de nuestra vida. ¿Pero cómo voy a dejar ir algo tan bueno? Además esto no pasa todos los días. De este aprendizaje nace el siguiente, que es la madre de estos amores que nos llegan intensos y se quedan. No los queremos dejar ir. Como drogas.

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  • Y sobre todo, el amor no es sufrir. El amor es otra cosa.

Déjalo ir.

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